El diagnóstico clínico: pruebas y profesionales

El diagnóstico del TDAH debe hacerse de forma rigurosa y dedicándole el tiempo suficiente para obtener información que ayude a dilucidar si  la persona cumple los criterios diagnósticos (ver más adelante).Será necesario comenzar por la realización de una historia clínica completa.

Es conveniente entrevistar al paciente y a su familia (progenitores, pareja, hermanos…).El médico debe conocer cómo ha sido el desarrollo de la persona desde su nacimiento. Es importante saber si la madre estuvo expuesta a tóxicos en el embarazo o parto, si hubo complicaciones en el mismo, traumatismos, infecciones, si hubo algún problema en el desarrollo psicomotor y social.

Interesa conocer si hay antecedentes de enfermedades mentales en la familia y en el paciente. No olvidemos que es muy habitual que el TDAH se presente junto a otras patologías. La historia familiar de TDAH es muy importante dada la evidencia científica disponible sobre la influencia de la genética en que una persona desarrolle un TDAH.

En cuanto a los síntomas que motivan la consulta, es importante especificar la duración de los mismos, el tiempo de evolución, cuándo se ponen de manifiesto (si sólo ocurre en un ambiente o en diferentes situaciones), qué repercusión tiene en la vida de la persona. Habitualmente se deben contrastar los síntomas entre profesores y padres, entre familiares y pareja, y ver si hay diferencias de opinión.

Resulta más fácil evaluar a los niños que a los adultos. Esto se debe a que los síntomas de los niños son observados y confirmados por los padres, además de que suelen tener una presentación clínica más típica. En el caso de los adultos, muchos no recuerdan bien cómo se comportaban cuando eran niños y se requiere de un familiar que lo corrobore. Además, en los adultos suele presentarse patología comórbida (ansiedad, depresión, abuso de sustancias…) que muchas veces enmascaran la existencia del TDAH.

Otro factor a tener en cuenta es el funcionamiento de la familia, el entorno del paciente y su relación con el mismo (amigos, escuela, trabajo).También interesa conocer con qué apoyos cuenta.

No existen pruebas complementarias determinantes de la existencia de un TDAH, ni analíticas ni pruebas de imagen. El diagnóstico del TDAH es clínico y fundamentado en una entrevista rigurosa en base al cumplimiento de los criterios  que a continuación detallamos. Las pruebas complementarias pueden servir para descartar otras patologías. Por ejemplo, una audiometría para comprobar que el déficit de atención no se trata de una hipoacusia, una analítica con hormonas tiroideas para comprobar que la hiperactividad no se debe a un hipertiroidismo…

Pero no hay que hacer todas esas pruebas de forma sistemática, sólo si existe sospecha fundamentada. Si se diese el caso de que concurren varias patologías de forma simultánea, es importante decidir cuál es la actuación prioritaria.

En etapas escolares resulta de gran ayuda la elaboración de un informe psicopedagógico por el departamento de orientación del centro educativo. Esto ayudará a detectar cuáles son las dificultades de rendimiento académico que el alumno presenta y cuáles son las repercusiones que tienen en su aprendizaje.

En el diagnóstico del TDAH contamos con la ayuda de diferentes escalas que actúan como elemento complementario. Permiten valorar la intensidad de los síntomas, la evolución de los mismos en las consultas de seguimiento y ayudar a detectar la presencia de patologías comórbidas. Algunas permiten una valoración neuropsicológica, de la inteligencia, o exploran síntomas de otras patologías psíquicas. Podemos diferenciar dos grupos: aquellas que valoran específicamente los síntomas del TDAH (Escala de Conners, SNAP-IV, cuestionario de TDAH de Du Paul) y las que permiten una valoración más genérica indagando sobre otras dificultades añadidas como SDQ (Strengths and Difficulties Questionaire) de Goodman y CBCL (Child Behavior Checklist) de Achenbach.

Siempre ha de tenerse en cuenta las necesidades de los pacientes y su situación particular (grado de afectación, patologías comórbidas…), recordar que los síntomas varían con la edad y que hay que valorar al paciente en contextos diferentes. La entrevista clínica es indispensable.

En algunas ocasiones se puede realizar una valoración neuropsicológica para ayudar en el diagnóstico, evaluar las diferentes áreas de dificultad que puede tener un mismo paciente (organización, escritura, lectura, cálculo…) y orientar en el plan terapéutico a establecer.

Actualmente existen dos clasificaciones para el diagnóstico: el DSM-V y la CIE-10, siendo el primero el más utilizado. El manual más utilizado por los profesionales sanitarios para diagnosticar trastornos mentales es el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders en su 5º edición (DSM-V), publicado por la Asociación Americana de Psiquiatríaen el año 2013. En el diagnóstico clínico del TDAH según este manual se le considera de la siguiente manera, en base a una serie de criterios:

A) Patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con la función o el desarrollo, caracterizado por (1) y/o (2)

1. Inatención: 6 o más de los siguientes síntomas, o al menos 5 para mayores de 16 años, con persistencia durante al menos 6 meses hasta un grado inconsistente con el nivel de desarrollo y que impacta negativamente en las actividades sociales y académicas/ocupacionales.

  • A menudo no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades.
  • A menudo tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas.
  • A menudo parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • A menudo no sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos, u obligaciones en el centro de trabajo.
  • A menudo tiene dificultades para organizar tareas y actividades.
  • A menudo evita, le disgusta o es renuente en cuanto a dedicarse a tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.
  • A menudo extravía objetos necesarios para tareas o actividades.
  • A menudo se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.
  • A menudo es descuidado en las actividades diarias.

2. Hiperactividad e impulsividad: 6 o más de los siguientes síntomas, o al menos 5 para mayores de 16 años, con persistencia durante al menos 6 meses hasta un grado inconsistente con el nivel de desarrollo y que impacta negativamente en las actividades sociales y académicas/ocupacionales.

  • A menudo mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento.
  • A menudo abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado.
  • A menudo corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo.
  • A menudo tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio.
  • A menudo “está en marcha” o suele actuar como si tuviera un motor.
  • A menudo habla en exceso.
  • A menudo precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas.
  • A menudo tiene dificultades para guardar turno.
  • A menudo interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros.

B) Algunos síntomas de desatención o hiperactividad-impulsividad estaban presentes antes de los 12 años de edad.

C) Algunos síntomas de desatención o hiperactividad-impulsividad se presentan en dos o más ambientes (por ejemplo, en casa, escuela o trabajo; con amigos o familiares; en otras actividades).

D) Existen pruebas claras de que los síntomas interfieren o reducen la calidad de la actividad social, académica o laboral.

E) Los síntomas no aparecen exclusivamente motivados por esquizofrenia u otro trastorno psicótico, y no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental (trastornos del estado de ánimo, ansiedad, trastorno disociativo, trastorno de la personalidad, abuso de sustancias o síndrome de abstinencia).

Nota: se especificará si la presentación del trastorno es predominantemente de desatención, de hiperactividad/impulsividad o combinada, si se encuentra en remisión parcial y si el grado de afectación actual es leve, moderada o severa.

 

En base a esto, podemos encontrar tres clasificaciones del TDAH:

  • Presentación combinada, cuando se cumplen el criterio de inatención (A1) y el de hiperactividad-impulsividad (A2), durante los últimos 6 meses. 
  • Presentación predominante con falta de atención, cuando se cumple el criterio de inatención pero no el de hiperactividad-impulsividad, durante los últimos 6 meses. 
  • Presentación predominante hiperactiva-impulsiva, cuando se cumple el criterio de hiperactividad-impulsividad pero no el de inatención, durante los últimos 6 meses.

 

Desde la Fundación INGADA disponemos de consultas clínicas en las que se presta asesoramiento y valoración por parte de miembros de nuestro Departamento Clínico